Mi móvil
Tengo un móvil, mejor dicho, tengo un GRAN móvil. Cualquiera que haya leído hasta aquí pensará: “¡Wow! Si es un GRAN móvil debe de tener de todo: bluetooth, cámara de 5 megapíxeles, GPS, televisión, radio, mp3 y tamagotchi extended pro edition.” Pues nada amigos, nada más cruda que la realidad cocida, mi móvil si que es GRANDE, pero no en tecnología sino en dimensiones. Imaginaros si es enorme que voy vestido de rapero para que me quepa en el bolsillo del pantalón. Así y todo, tengo que reconocer que es muy americano, sobre todo del Lejano Oeste, porque cuando se comunica no lo hace por bluetooth ni por infrarrojos sino que lo hace por señales de humo.
El problema no es que sea de tamaño XXL ni la peste que hace después de comunicarse, sino que es muy muy viejo, es tan viejo que ha pasado de generación en generación y mi bisabuelo lo utilizaba para pelar patatas. Cuando lo heredé de mi padre parecía un móvil viejo pero corriente, aunque a medida que le cogí confianza y lo conocí más profundamente descubrí nuevas facetas de su vida que antes no conocía, como por ejemplo el otro día que se me cayó al suelo y en vez de partirse en mil pedazos, le salió un airbag.
Algo que me fastidia bastante es su música, uno cuando ya ha visto mucha televisión, está acostumbrado a ver la típica película americana en que Brad Pitt se despierta con el móvil-radio con la última canción del momento,. Yo en cambió cuando me despierto me tengo que conformar con que suene la polifonía de los Teletubbies en versión adaptada.
Por último decir que los móviles marcaron un antes y un después de la comunicación, pero el mío lo único que marcó fue el número de emergencia después de caerse encima de mi pie.
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